Por Luis Rivera. Es nuestra costa atlántica del ahora conjunto californiano que en alguna ocasión fue parte de México como una sola unidad. Rosarito es la segunda parada, tras las playas de Tijuana, de una ruta que se extiende hasta Los Cabos en el extremo sur de la península donde el huso horario se reduce en dos horas.

Los intentos por seguir descentralizando la cultura y la música en el país no desisten a pesar de que la gente de provincia se empeña en emigrar a la capital. Casos como el traslado del Festival Nrmal de Monterrey a la Ciudad de México pareciera que dejan en evidencia el poco interés del público de otros estados en un cartel falto de nombres grandes y sonidos gastados.

11145200_921076817923662_6112883003553426909_o

Y aunque de momento los festivales que se realizan en el interior del país, y particularmente en alguna costa han servido más como escaparate para que los citadinos nos demos un respiro del caos urbano, seguro que el ascenso gradual del interés de los locales en cada sede se ha manifestado. Ahí radica el objetivo de no hacer todo en la Ciudad de México, en perseguir a la gente que no vive rodeada de un contexto cultural como el que tenemos los capitalinos pero que sí tiene acceso a internet.

En apenas su tercera edición, el festival All My Friends, que justo es parte del esquema musical de los organizadores del Nrmal, deja en claro que hay material para que el entorno y las bandas que no gozan de contratos discográficos que aseguren el pago de su renta mes con mes, firmen un buen espectáculo.

11049466_936123086419035_3844774334025190105_n

Con un cartel en su mayoría mexicano de bandas que apuestan por sonidos poco convencionales, acompañadas de más de diez nombres internacionales entre los que sobresalen los franceses de La Femme, así como los norteamericanos King Tuff, White Hills y Nite Jewel, pretende dejarnos en claro que la música llamada e incluso desdeñada como “under” no sólo se toca en un sótano o algún bar arrinconado en lo más oscuro de una colonia con altos índices delictivos.

Caminar descalzo sobre la arena y con la posibilidad de no estar pegado chapopote asfáltico que nos ofrecen los festivales de la ciudad, ahora combinados con un poco de lodo pantanoso, es una experiencia que si acaso se ofrece 5 veces al año en el país, en una cifra que ya me suena exagerada.

10314453_766386200059392_2347710067641145051_n

Apenas a media hora de Tijuana, la ciudad fronteriza más importante de México y por tanto con múltiples formas de acceso, Nrmal ofrece el combo playero Rosarito-All My Friends donde la gastronomía local, los sonidos espesos y las vestimentas ligeras serán la constante.

El trayecto desde la capital suena lejano. La recompensa apunta a sustentar que ese esfuerzo haya valido la pena.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here