Por Lucho Rivera. Pongan sobre el escenario a una mujer enfrascada en sustancias alucinógenas pero totalmente enganchada a la música que ejecuta, un productor sereno que suelta beats ácidos y bailables, y un baterista muy capaz que acompaña a los estelares de la noche. Combinación exitosa.

Así resultó el concierto de los Crystal Castles el pasado viernes en el José Cuervo Salón, venue que además era afín al sonido sucio y por momentos oscuro de la banda. Una Alice Glass que cambió el pelo azul por un completo teñido de rubia, un Ethan Kath que mantiene su pinta de medio oriente, cualquiera creería que es proveniente de un país islámico y practicante de la religión.

Crystal Castles en el D.F. Sonidos canadienses para desinhibir el inconsciente

No hablan con el público, se concentran en salir y que sea la música quien dicte el ánimo de la gente, un set de una hora, contundente, bien armado con los hits obligados, “Baptism”, “Alice Practice” y “Crimewave” son infaltables.

Algo que los hace sumamente particulares es la energía contrastante de ambos, no es que Ethan no la tenga, pero frente al despliegue de ademanes y fuerza que ejecuta Alice, lo de su compañero parece estático.

Crystal Castles en el D.F. Sonidos canadienses para desinhibir el inconsciente

Cierran la primera parte del concierto con “Not In Love”, la incontestable pieza en la que Robert Smith les hace las vocales, que en esta ocasión se extrañan pero que de igual forma la voz de Glass le da un giro y refresca la que quizá es la canción más conocida de estos canadienses.

Después del pequeño receso regresan para ejecutar 3 temas adicionales, encore que culmina con la extensa e hipnotizante “Yes No”. No podemos decir que quedaron a deber, pero sí podríamos asegurar que una hora adicional de show nunca estaría de más. A esperar su regreso, deseamos, pronto.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here