Por Guillermo Zamudio. Estruendos, tímpanos rotos y cuerpos incendiados. Gritos, sangre y muerte. Cada bomba que cae del cielo e impacta la tierra tiene consecuencias. Los títulares y noticias de última hora hablan de vidas perdidas, de números y de conflictos. Muse, con Drones, lo hace de pérdidas también, pero de las mentes y voluntades de aquellos que son utilizados como utensilios en una guerra a la que, en muchas ocasiones, no pertenecen.

La línea argumental del álbum está más que clara desde el principio; tiene una identidad propia a partir de la historia que quiere contar. Abre con Dead Inside, una canción más cercana al sonido de sus dos últimos trabajos por los sintetizadores que abundan en ella, y que presenta al peón que se convertirá con el tiempo en una máquina de matar.

Inmediatamente después, en Drill Sergeant y Psycho, se introduce la manera de pensar y actuar de aquellas personas escondidas en las sombras. Musicalmente el riff que acompaña durante toda la canción es muy sencillo, sin embargo, su símil con una marcha militar cumple enteramente con su cometido, y la banda es capaz de llevar la canción al grado de himno poderoso a pesar de su sencillez.

Mercy, cuarto tema del disco, es la canción que presenta uno de los dos cambios en el protagonista de la historia. Baja de inmediato las revoluciones con una línea de piano que armoniza muy bien con la voz de Matt Bellamy y que, como buena power ballad, contrasta con un coro más fuerte y cargado de guitarras.

Perder nuestra mente es básicamente perder nuestra identidad y, como resultado, a nosotros mismos. Eso es un peón o, mejor dicho, ese es el mejor peón que alguien con poder pudiera tener. Cuando las guerras van en escalada el campo de tiro se encuentra en todas partes. Nadie está seguro. Todos los lugares son peligrosos. Cada uno de nosotros puede convertirse en una estadística. Somos daño colateral en potencia.

Gracias a una gran introducción de tapping, que no deja duda de la habilidad técnica de Bellamy, Reapers –la más roquera del álbum aún cuando hace uso de voces robóticas– se presenta como una canción fuerte y agradable desde el inicio. Recuerda mucho a los primeros trabajos de la banda, mucho más cercanos a la base de guitarras fuertes y no tanto a lo pop como en los últimos años. Quizás los fans añejos hubieran querido más temas como este.

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Una atmósfera más cruda se siente al escuchar The Handler. Este track es el pico del álbum hablando estrictamente de la simbiosis necesaria entre música y lírica para entregar un mismo mensaje. En él nuestro protagonista se encuentra en drone-mode por completo y es posible escucharlo en su voz que en momentos del verso se vuelve, además de humana, digital cual robot.

El discurso de Kennedy que se escucha en [JFK] seguramente ha sido elegido por la banda con mucha intención. En su momento fue utilizado para señalar a la Unión Soviética, sin embargo, también está lleno de hipocresía pues muchas de las situaciones criticadas, con el tiempo, han sido reveladas también como prácticas estadounidenses. De ahí que sirva como introducción para Defector. Una canción más cercana al pop que sirve para hablar de la manera en que alguien se vuelve contra un sistema del que fue parte.

Revolt es enteramente pop, y a pesar de estar muy bien construida desentona debido a su alejamiento de lo que el disco presentó anteriormente. Con Aftermath –una canción lenta y sin ninguna clase de pirotecnia de producción– esa línea inicial vuelve a su cauce, pero de cualquier forma se siente fuera de lugar, incluso cuando presenta el clímax de la historia. El final, aparente, de la guerra.

The Globalist es sin duda la canción más ambiciosa del disco. Dividida en tres partes aborda la manera en la que cualquier persona puede llegar al poder, de la locura derivada del mismo e introduce una tercera guerra mundial. Todo en diez minutos. Finálmente, Drones –canción que da título al disco– presenta una conclusión envuelta en cánticos religiosos de manera dramática: Now you can kill from the safety of your home with drones.

El séptimo disco de la banda británica es, como ha sido costumbre de algunos años para acá, un señalamiento a los padecimientos de la sociedad. Musicalmente hablando no entrega nada completamente nuevo; puede considerarse un puente colocado justo entre sus últimos trabajos y sus primeros discos. La lírica y la historia que cuenta están bien construidas, sin embargo, no todos los tracks trabajan a favor de ellas.

Drones, tomando en cuenta la historia del grupo, como mucho podrá ofrecer buenos momentos dentro de los conciertos de la banda con canciones como Psycho o Reapers, aunque seguramente ninguno llegará a considerarse un clásico. A pesar de esto es un buen esfuerzo conceptual enteramente político que se disfruta y entiende cuanto más se escucha.

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