Desde 1999 uno de los sectores más importantes de la industria musical ha sufrido un decaimiento significativo que ha dado como resultado la imposición de distintas reglas o convenios no necesariamente justos actualmente; nos referimos precisamente a la industria discográfica, que sufrió las consecuencias del alcance real de la tecnología por la cual se vio superado tras la invención de un monstruo de varias cabezas llamado Napster, un programa mediante el cual se podía descargar música de forma totalmente gratuita en formato de intercambio, es decir, si en el disco duro de algún usuario del programa se encontraba el archivo que se estaba buscando se podía descargar sin problema alguno y viceversa, esto abriendo paso a millones de descargas ilegales que inmediatamente se vieron reflejadas en la venta del disco físico (Rowell, 2015). Aunque actualmente gozamos de una era moderna donde las ventas del álbum digital han superado al soporte físico, este número aún se ubica un tercio por debajo de los que se registraron en los años 90´(T13, 2016), por lo cual evidentemente el producir discos ya no es el mismo negocio, situación que ha alarmado a las grandes disqueras, comúnmente llamadas majors, y a la vez impulsándolas a tomar medidas estrictas como los contratos 360, que consisten en tomar un porcentaje de casi cualquier ingreso obtenido de la carrera del artista a cambio de estar firmado bajo el sello, una solución que antepone el interés económico de la firma y afecta directamente a los ingresos del artista e inclusive a algunos derechos como la libertad. Aunque para muchos este tipo de contratos es la salvación de las majors, es claro que se está manipulando al artista como el beneficio rentable de algunos cuantos . En este ensayo se demostrará el por qué los contratos 360 son una solución totalmente injusta, además de que se proporcionará una posible solución al problema.

Para comenzar, el problema radica en términos legales, la RAE define al contrato como un “pacto o convenio, oral o escrito, entre partes que se obligan sobre materia o cosa determinada, y a cuyo cumplimiento pueden ser compelidas” (RAE, 2014), por lo cual al ser un documento con plena validez uno podría confundirse y pensar que éste es plenamente beneficioso, inclusive al entrar en vigor cumpliría con uno de los principios de la ética profesional estipulados por Augusto Hortal, el principio de autonomía, que una de sus vertientes radica en respetar y hacer valer los derechos (Hortal, 2002), sin embargo esto entra en cuestionamiento una vez que se analizan ciertas cláusulas de los contratos 360, como por ejemplo, el que la disquera reciba un porcentaje económico de la gira completa del artista, de la aparición del mismo en un comercial televisivo, de una parte de los patrocinadores, entre otras (Passman, 2012), todo esto además del porcentaje que le toca de las ventas del disco del artista evidentemente minimizando lo que se llevaría a la bolsa y garantizando un ingreso para las majors. Al darnos cuenta de esto podemos llegar a la conclusión de que este documento legal impuesto atenta contra los derechos de libertad del artista, ya que éste no es libre de elegir los aspectos en los que la disquera se llevará una “tajada”, por lo cual el principio de autonomía mencionado con anterioridad no se cumple en lo absoluto, ya que éste respeta las clausulas del escrito legal pero deja a un lado los derechos del artista como humano, el derecho de elegir el camino que quiera para sí mismo dentro de su carrera.

Al ser impuesto este contrato sin opción alguna de evadirlo es inevitable pensar en que este abuso es “la manifestación de una patología profesional de la modernidad” (Díaz, 2013), ya que es una consecuencia o una solución al decaimiento de las ventas de la industria discográfica. Las majors defienden a este acuerdo alegando que los beneficios que trae consigo el artista no se los puede dar nadie más, ya que las inversiones que éstas hacen no se comparan a los presupuestos manejados por una disquera independiente, desde las inversiones hacia el artista en las giras, en la publicidad, en la producción, y hasta en los contactos (Passman, 2012), por lo tanto lo ven como un intercambio donde ambas partes salen plenamente beneficiadas, sin embargo dicho beneficio es relativo, ya que a final de cuentas el bien extrínseco primordial para un artista que se dedica de lleno a su música más allá de la fama y el reconocimiento es el bien monetario, que sería mucho mayor si se pudiera evadir el contrato 360, por otra parte, éste se sentiría mucho más libre para manejar su carrera a sus anchas y a su conveniencia dejando a la major como responsable únicamente del trabajo discográfico.

Por otra parte, las disqueras gigantes no están tomando en cuenta que el artista es lo primordial para que el negocio de la música funcione y si éstos están en desacuerdo cada vez corren el riesgo de que huyan del sello para comenzar a producirse de forma independiente, pues actualmente se cuentan con miles de sellos independientes y sólo tres majors: Sony, Warner y Universal. El tema aquí es que la inconformidad del artista por ende es un atento a la estabilidad emocional del mismo y a la vez a toda una sociedad de gente involucrada en el mismo grupo, por lo cual las disqueras están siendo socialmente injustas, como dice Augusto Hortal en su libro “Ética General de las Profesiones”,”toda práctica profesional que por incompetencia o negligencia cause daños al cliente o usuario de los servicios profesionales pasa a ser tema de justicia” (Hortal, 2002). Por lo tanto no únicamente se afecta directamente al artista, sino a todo su grupo de trabajo que podría gozar de condiciones mucho más favorables tanto económicamente como laboralmente, ya que en ciertos casos la disquera impone cierto equipo de trabajo en actividades externas a la producción del material discográfico.

Las disqueras están conscientes de la escena independiente y de los posibles beneficios que éstos pueden dar a los artistas, para ellos han desarrollado sub-disqueras de las majors consideradas como independientes, sin embargo al pertenecer al mismo grupo el conflicto de intereses persiste. Por lo cual muchos artistas defienden su postura y prefieren auto producirse y utilizar a las disqueras únicamente como un apoyo de distribución, tal es el caso de artistas como Megadeth o Molotov, de esta forma ellos son libres de escoger a su equipo de trabajo y por ende la mayor parte de su ambiente laboral.

Otro punto en contra de este tipo de contratos es que el artista no tiene un control pleno de su carrera y por ende las actividades a realizar, las fechas y época de los tours, los países a visitar, los acuerdos de logística e inclusive los teloneros de la presentación, pues como se ha hecho énfasis en este ensayo los intereses económicos del sello están antepuestos, de cierta forma esto da garantía de ventas al artista, sin embargo no es libre de tomar las decisiones que él quisiera, ni siquiera su manager, ya que en la mayoría de los casos éste está impuesto también por la disquera para así asegurar sus intereses. Esto funciona ya que es una imposición (Financial Red, 2014), pues es una medida al contexto actual que los sellos grandes defienden, sin embargo han olvidado que los artistas también son personas libres de elegir su camino con plena libertad.

Como posible solución a este problema sería interesante ofrecer un paquete rentable tanto para los sellos discográficos como para los artistas, un acuerdo donde el respeto social y la justicia vayan de la mano respaldados por un acuerdo escrito con validez legal en el que la disquera ofrezca una serie de campos opcionales donde pudiera contribuir a la carrera del artista y por supuesto cobre por ello, donde éste sea libre de elegir los servicios donde quiera que interfiera la firma, pues algo que es muy cierto es que tanto los contactos como los presupuestos que manejan las majors son del todo convenientes para la mayor parte de las personalidades de la industria, tanto para laborar como para ser parte de ellos, es cierto que los grandes sellos no recibirán la misma cantidad monetaria por artista como lo hacen actualmente, sin embargo si se hicieran este tipo de acuerdos por volumen posiblemente recibirían hasta más ingresos a pesar de la complicada situación actual de la industria discográfica, y lo más importante, mantendrían un acuerdo ético y responsable libre de injusticias.

Soluciones responsables como la anterior fomentarían la ética profesional cada vez más, y que mejor que ésto se haga tomando en cuenta los derechos y sobre todo la libertad tanto de los clientes como de los aliados. Como conclusión los contratos 360 son una muestra de las consecuencias que trajo consigo el desarrollo de la tecnología y la era digital , es injusto ya que como se muestra en los argumentos anteriores atentan contra el derecho a la libertad, el derecho a la estabilidad emocional y laboral y por supuesto afecta directa e injustamente al ingreso económico de una serie de personas involucradas mediante la imposición de un acuerdo de tipo legal. A lo largo del ensayo se puede percibir una baja conciencia moral profesional por parte de las disqueras, pues se ve el beneficio de unos cuantos a cuesta de otros, optando por una solución con una baja conciencia social a la complicada situación actual asegurando el bien extrínseco económico como primordial, que a decir verdad es inseguro que se consolide si se continúan estos pasos, pues se dejó a un lado la ética en el negocio, “esa que a la vez supone una garantía en la prestación de los servicios profesionales para consolidarse” (Hortal, 2002)

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