Por Guillermo Urdapilleta. Es un hecho que quienes asistimos el pasado sábado al Lunario, presenciamos un evento de esos que te dejan perplejo y con un trauma (tomando esta palabra en un sentido positivo) que durará varios días; y es que la conjunción de cuatro agrupaciones de tanta calidad y con sonidos tan eclécticos y poderosos, generaron un ambiente sumamente excitante, en el que cada uno de los asistentes se veía enganchado con el encanto del sonido a su alrededor, con la presencia y energía de los músicos, y evidentemente con esa música experimental que no podemos escuchar en vivo regularmente.

El Festival Bestia en su tercera edición nos abrió las puertas del éxtasis gracias a una magnífica selección de bandas que, bajo la guía e inspiración de John Zorn –uno de los músicos más prolíficos y experimentales de nuestra era- se presentaron sin tapujos para hacer suyo el escenario y contagiarnos con una sobredosis de sonidos y emociones. Afortunadamente, al voltear a mi alrededor no encontraba huecos, por lo que congratulo a todos los asistentes por llenar el recinto y dejar en claro que los mexicanos gustamos de este tipo de eventos y músicos.

Los horarios se dieron a conocer el mismo día, en el que descubrimos que cada banda tocaría 30 minutos, un arma de doble filo porque por un lado 15 minutos eran suficientes para sentirnos cautivados y emocionados, pero por el otro, las presentaciones se terminaban en un abrir y cerrar de ojos. Fue entonces que a las 9 de la noche nuestros compatriotas de Klezmerson, liderados por Benjamin Shwartz, se encargaron de abrir la noche con su excelsa música que ofrece sonidos gitanos, jazzeros y folclóricos, representando sólidamente el género klezmer, como bien lo sugiere su nombre. Ellos llamaron la atención de Zorn hace algunos años, llegando a ser incluso producidos bajo Tzadik, sello discográfico del saxofonista neoyorquino, quien les delegó la responsabilidad de interpretar y lanzar el álbum Amon: The Book of Angels Vol. 24, mismo que pudimos disfrutar (no de forma completa, por los tiempos) en pasado sábado. Como era de esperarse, la ola de aplausos apareció cuando los mexicanos culminaron su participación.

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Abraxas fue la segunda banda de la noche, la que yo menos conocía y la que según mi percepción, gustó más a la mayoría de la audiencia. Este cuarteto estadunidense se mueve bajo la batuta de Shanir Blumenkranz, un extraordinario bajista que ha trabajado con Zorn en diversos proyectos durante al menos una década. Abraxas lanzó en el 2014 el álbum Psychomagia (compuesto por Zorn, naturalmente) en el cual escuchamos una majestuosa muestra de energía, poder, ruido y jazz rock experimental que puede no ser fácil de digerir, pero que una vez que te atrapa, simplemente no te deja salir. Lo que Abraxas nos dio fueron 30 minutos de un orgasmo musical sin límites, en el que no había descanso alguno, pero en el que cada segundo te hacía sentirte en un estado de inmensidad y plenitud. ¡Una maravilla!

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A pesar de que la música de Zorn me gusta mucho, confieso que la banda que en realidad me emocionó más al momento de que el cartel fue revelado, fueron los Secret Chiefs 3, pues hace unos años que descubrí su álbum Book of Horizons, me convertí en fanático, por lo que ya me sentía muy ansioso por verlos en vivo por primera vez en mi vida. Mi piel se enchinó cuando vi salir a Trey Spruance al escenario, y por supuesto al resto de la banda, quienes se encargaron de interpretar parte del Masada Book 3: The Book of Beriah; una obra interesantísima que provee una exquisita mezcla de pasajes sutiles con explosiones agresivas, en las que violín, guitarras, bajo y percusiones, simplemente te transportan a otro sitio. El performance de esta banda fue de menos a más, pues así lo sugerían las composiciones cuyo poderío fue aumentando poco a poco hasta alcanzar un clímax del que yo no me pude recuperar. Al finalizar su participación, Zorn salió a abrazarlos y le preguntó al público si quería una pieza más, por supuesto dijimos que sí, y entonces los musicazos de Secret Chiefs 3 nos dieron minutos más de ruido y emociones que se clavaron en mi mente durante el resto de la noche.

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Finalmente, una bestia llamada Bladerunner que solo hace su aparición en conciertos, se encargó en cerrar la velada. Aquí pudimos disfrutar del virtuosismo de tres monstruos en sus respectivos instrumentos: John Zorn con el saxofón, Dave Lombardo en la batería y Bill Laswell con el bajo. Estos tres músicos de alto calibre nos dieron un carrusel de imágenes, texturas y matices que eran impredecibles, pues su encanto radica en la improvisación. Ver a Zorn en acción fue algo que me dejó sin palabras, su saxofón es como una parte de su cuerpo que reacciona instintivamente a sus órdenes, realizando sonidos increíbles que fueron gratamente complementados por los redobles y locuras que un Dave Lombardo imponente nos regalaba, y por las finos y al mismo tiempo disonantes notas que Laswell ejerció con su bajo.

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Este set terminó en un abrir y cerrar de ojos, con apenas 20 minutos de haber comenzado. Sin embargo, los músicos nos dieron un mini encore en el que se unieron los talentos de Trey Spruance en la guitarra y Kenny Grohowski en la batería, quien aprovechó para entablar un dialogo musical con Lombardo. Al final, todos los músicos salieron a agradecer al público que, sin duda alguna, terminó encantado ante un evento tan satisfactorio como este. Para recordar eternamente.

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Auditorio Nacional, diciembre 6, 2015.

El Festival Bestia culminó de forma espectacular con una experiencia audiovisual en la que John Zorn se dio a la tarea de musicalizar El Gabinete del Dr. Caligari, película muda representativa del expresionismo alemán, que en 1920 fuera inmortalizada por Robert Wiene. Afortunadamente para quienes asistimos, pudimos presenciar la versión restaurada de la película y por si fuera poco, engalanada por el Órgano Monumental del Auditorio Nacional, el órgano más grande de toda América Latina que pocas veces tenemos la suerte de escuchar.

bestia festival 2015

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El cine mudo tiene el encanto de hacernos viajar y crear un sinfín de imágenes en nuestras mentes, y cuando hace maridaje con una adecuada musicalización, el resultado solo puede ser positivo. John Zorn es majestuoso en todo lo que hace, en lo que compone, lo que toca, lo que organiza, y esta no fue la excepción. No es nada sencillo ponerle sonido a un filme mudo, por lo que cuando al finalizar los 70 minutos del mismo, el Auditorio Nacional se convirtió en una ola de unánimes aplausos, quiere decir que la experiencia fue altamente satisfactoria.

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Y fue así que en un que nos fuimos a casa, ya con esa sensación de anhelo y extrañamiento por haber vivido un fin de semana inigualable.

Fotos: Ray Marmolejo

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