Cuando hablamos del chicle, es imposible omitir en nuestra mente esa sensación que se produce al hacer una gran bomba de chicle, esperando que no se reviente y se pegue en el cabello. Con la finalidad de encontrar quién podía crear la bomba de chicle más grande, Bubbaloo armó un Torneo Latinoamericano de Bombas con la participación de adolescentes entre 13 y 17 años de México, Brasil, Perú y Colombia.

Si bien, un chiclito te salva después de comer, disfraza el olor del cigarro, o te ayuda a matar el tiempo, la acción de mascar “algo”, como resinas, tiene su origen en la antigua Grecia y Egipto; sin embargo, el chicle como lo conocemos, surgió en las selvas del sureste mexicano, en una zona conocida como el Gran Petén. Ahí los mayas recolectaban la savia del chicozapote, de la que obtenían una goma masticable que utilizaban para limpiarse la boca y los dientes, así como para inhibir el hambre –seguramente, en ese momento alguien más intrépido, formó la primera bomba de chicle.

Hacer una bomba de chicle no es tan sencillo como parece. Ya sea por pasatiempo y/o de manera “profesional”, la técnica es importante para lograrlo. Someramente, si no sabes cómo hacerlo, primero debes escoger un chicle de buen tamaño, como los Bubbaloo. Mastícalo hasta que pierda el sabor y moldéalo. Forma una bola y empuja con tu lengua, a través de la bola de chicle, hacía tus labios y sopla, sopla, sopla… Cuando tengas dominada la técnica, usa más chicles para crear bombas más grandes.

Regresando al Torneo de Bombas Bubbaloo, los mejores “Bombistas” se dieron cita en Cancún en un ambiente festivo de baile, alegría y competencias adicionales, para demostrar quien era el mejor. En el siguiente video, que cuenta con la tecnología 360º de Youtube, puedes revivir lo que pasó.

Al final, la ganadora fue una chica Colombiana.

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